La Octava

conoce la salida que realiza nuestra patrona

La liturgia llama “octava” a la celebración continuada durante ocho días de una festividad solemne.

La simbología del número 8 es muy elocuente. El día octavo, es a la vez el primero, el que está más allá de todo día, símbolo y anticipo de la eternidad. Es más, el día octavo es símbolo del mismo Cristo, Lucero de la mañana, verdadero Día sin ocaso.

Hasta el siglo VI el concepto de octava se centraba más en la relación del primer día, el de la gran solemnidad, con el octavo, también muy solemne, en el que se repetía el oficio del día principal, como si constituyeran un único día de fiesta. Esta perspectiva se ha conservado hasta nuestros días, pero dando realce también a los días intermedios (llamados de la infraoctava), lo que no ocurría en un principio.

En la liturgia medieval abundaban las octavas y se diferenciaban entre ellas de acuerdo con sus características. Así, además de las grandes Solemnidades de Cristo, contaban con Octava todas las Fiestas de la Santísima Virgen y la onomástica de los Santos.

En la liturgia inmediatamente preconciliar, suprimidas las demás, solamente contaban con “octava” las tres más grandes solemnidades del año: Pascua, Navidad y Pentecostés.

Después de la reforma llevada a cabo por el “Concilio Vaticano II”, y para recuperar la noción teológico-litúrgica de la “cincuentena pascual”, se abolió la Octava de Pentecostés aunque se conservaron muchos de sus elementos en los textos litúrgicos y eucológicos de la semana que precede a esta gran solemnidad, confiriéndole así un carácter de “octavario” de preparación.

Hoy se conservan las octavas de las dos principales festividades del Año litúrgico: Pascua y Navidad.

Pese a lo anterior y a que, litúrgicamente, estén abolidas las octavas (conservándose sólo las Solemnidades y, en algunos casos, una Fiesta menor el octavo día), Archidona ha seguido manteniendo la tradición de celebrar la “Octava del Día de la Virgen” que coincide con el día en que la Iglesia celebra la Asunción de Nuestra Señora, el 15 de agosto, celebrándose la Octava el 22 del mismo mes, en el que la Santa Madre Iglesia conmemora a Santa María como Reina del Cielo.

Durante 8 días, se celebran eucaristías en el Santuario de la Patrona de Archidona con extrema Solemnidad, llamando a los fieles mediante repique de campanas.

El mismo día 22 se celebra la Eucaristía Final y, a su término, se procede a realizar una procesión por el recinto amurallado que circunda la Ermita de nuestra Señora. Junto a la finalización de la procesión, también tocan a su fin los Repiques y las luminarias que, desde el día 7 de agosto, se venían celebrando en toda la ciudad.

Para comprender la importancia que tuvo este octavario en nuestra ciudad os dejamos el siguiente dato: la Virgen de Gracia tiene concedido el privilegio de celebrar la misa con ornamentos de color azul (únicamente reservado para la Festividad de la Inmaculada Concepción en España y territorios pertenecientes al antiguo Imperio) en el día de la Octava de la Asunción, estando archivada dicha Gracia en la Secretaría Capitular del Arzobispado de Sevilla, reflejo de la importancia capital de esta Festividad y de la influencia y devoción que se tenía y tiene a la Patrona Principal de Archidona.

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